Etiquetas

5 de febrero de 2014

Impulso

Es que hay una cierta hora del día en que siento que no puedo seguir. No puedo respirar, no puedo pensar, no puedo dormir, ni leer, ni mirar televisión, ni nada…sólo siento un adoquín en el pecho que no me deja seguir – es como si se aquietara el tiempo, como si se frenara hasta la luna -. Pero a la vez que me frena, me obliga a moverme. Me aprieta el pecho pero me empuja los pies y necesito desplazarme: ver que la gente no se detiene, que no descansa, que no hay un solo instante en la ciudad en que todos hayan recaído en el sueño. Siempre debe haber, al menos, una humilde alma en vigilia, que nos garantice que el paso del tiempo es el que todos conocemos. Si todos, TODOS, dormimos ¿Cómo sabemos que el tiempo no se acelera ni se lentifica?

                Por eso, a cierta hora del día, cuando empiezo a pensar que soy la última persona despierta, el pecho me empieza a apretar y necesito salir a moverme. No importa cuánto, no importa por dónde, sólo necesito caminar hasta encontrar otra persona en vigilia a la cual legarle la misión de controlar el paso del tiempo. En ese momento, el adoquín se deshace, el pecho se afloja, los pies se aquietan, dejan de empujar y entonces…puedo dormir.

28 de octubre de 2013

...


      Sé que de una u otra forma estas ahí, siento tu presencia, tus vibraciones, tu companía. Sé que estás pero no te veo. Sos de esas personas que uno no puede mirar. Siento que si te miro a los ojos vas a saber todo de mi, despúes no va a haber nada que pueda ocultarte, ni aunque me proponga hacerlo. Mirarte a los ojos es decir todas mis verdades, es quedar en indefensión absoluta, es dejar que conozcas mis pensamientos más personales...y no quiero que lo hagas.

     Nos encontramos, hablamos, nos acompañamos...y sin embargo no recuerdo tu voz porque sólo le presto atención a lo que decís y al tono que usas, pero no a su color. Y sin embargo no conozco tu mirada porque me aterra que encuentres la mia en el mismo momento en que te observo. Y sin embargo nos seguimos tratando como si fuésemos desconocidos.