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1 de julio de 2012

Delinear




el viento en mis brazos,
me inquieta, me obliga a pensar,
me lleva a.
me mete en el agua, me obliga
a nadar, me obliga a sentir
las gotas, las burbujas de aire que
expulso, que me hacen cosquillas,
me obliga a meterme en el
agua y sentir.
y no sólo eso.
el aire en mis brazos, me
estremece, me pone la piel
de gallina, me obliga a irme
a caminar en la playa, y
mete esos granos de arena
entre mis dedos, y roza esa rugosidad
en mi planta del pie; camino por horas o
segundos y me lleva, me empuja,
me presiona hasta que te encuentre,
no a vos, vos, que te encuentre, ese otro,
ese él, ella, vos, hasta que
la piel, la tuya, me devuelve,
la mía,
y entre todo eso, ese viento, esa agua,
la arena y la piel, me cortan y comprimen,
me aprisionan, encierran, en una paz,
en un orden que, como todos,
esconde los gritos de ira, más
bellos, más perfectos y en una armonía
de conflictos. Y mis labios
sonríen, y mi yo, vuelve a ser yo,
ese yo,
por unos instantes.

23 de mayo de 2012

Dedos en la nuca

Un cumplido que descalabra 
resbalando por tu cuello.
Éste, el olor de los hombres

en manos que marcan lo que 
siempre fuiste, delicia,
rozarte en dibujos enredados.
Te observo en movimiento 
descifrar el animal en
tu espalda fina, frágil, 
agazapado o asustado. 
Un delirio ígneo a plena 
luz que repta por los pies 
desnudos y tus muñecas
desautomatizándome.